El proyecto parte de una lectura contemporánea de la arquitectura tradicional de Cartagena, preservando no solo sus formas, sino también la manera en que históricamente se habita el trópico.
Muros de gran espesor, piedra expuesta, vigas y carpinterías de madera, balcones, postigos y patios interiores recuperan elementos reconocibles de la arquitectura cartagenera y los convierten en el punto de partida de una intervención que busca respetar la memoria del lugar sin convertirla en nostalgia.

La materialidad privilegia superficies honestas y táctiles. La irregularidad de la piedra, las vetas de la madera, los acabados minerales y las fibras naturales construyen espacios donde el paso del tiempo se entiende como parte de su carácter. Sobre esta base aparece una capa contemporánea más precisa y silenciosa, presente en el mobiliario, la iluminación y los nuevos elementos funcionales.

Los patios y vacíos interiores permiten que la vegetación, la luz y el aire atraviesen la arquitectura, recuperando una relación esencial entre interior y exterior propia de las casas del Caribe. Más que elementos decorativos, estos espacios funcionan como pausas dentro del recorrido y devuelven a la naturaleza un lugar central en la experiencia cotidiana.
El resultado busca habitar la memoria de Cartagena desde el presente: conservar su esencia sin replicarla literalmente, permitiendo que tradición y contemporaneidad convivan dentro de una misma arquitectura.

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